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El Mundo de Juaki

The End

Bueno, se completa un ciclo. Esta bitácoara me ha ayudado a ahuyentar mis demonios, pero no lo suficiente. Aprovecho el cambio de ciclo solar y quemo las naves para comenzar de nuevo. A partir de hoy, esas treinta y tantas personas que me leen podrán encontrarme en la siguiente dirección:

http://marea.blogalia.com

Sean bienvenidos a la nueva aventura. Los que han tenido la amabilidad de enlazarme a sus bitácoras, sírvanse, si tienen tiempo y ganas, a modificar la dirección del enlace.

Gracias.

PD.- Esta bitácora se autodestruirá en treinta días.

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Código 46

Código 46

Ayer le eché el ojo (y el guante) a una película llamada Código 46, una de ésas que pasan sin pena ni gloria por los videocluses y que, por supuesto, ni siquiera parecen ser dignas de ser estrenadas en los cines.

Craso error el de los distribuidores, sólo comprensible por los parámetros de estos tiempos metacapitalistas en los que nos ha tocado vivir.

Porque el film es una gozada, de principio a fin. Es una historia de amor dura, sin concesiones, enmarcada en un futuro next minute lleno de extraños comportamientos, esquemas sociales desaliñados y aparatejos de ultimísima generación que, sin embargo, ni siquiera la hacen caer en el terreno del cyberpunk. Tiene detalles de ambientación muy cuidados (como corresponde a la fama del cine inglés frente al norteamericano), como el hecho de que, durante todo el metraje, los personajes hablen una especie de panlingua que mezcla sin orden ni concierto todos los idiomas que tienen algún peso en la economía mundial. Dibuja con trazos breves pero muy estudiados la psicología de los caracteres atormentados que desfilan por el metraje, tipos y tipas que se encuentran perdidos en un mundo que les ha adelantado y que parecen no comprender demasiado bien.

Una película pausada, intimista, con una banda sonora mínima (que evoca con nostalgia los éxitos de los ochenta, para los personajes tan lejanos como las Big Bands de Miller para nosotros). Que nadie espere sobresaltos o engañifas que tan al uso están en el último cine de ciencia ficción: la historia se desarrolla como aceite sobre agua, atrapándote de una manera lenta y deliciosa.

Muy recomendable, sobre todo para los paladares exquisitos.

Triste Noticia

Lo que faltaba.

Según publica hoy el Mirror Shit , investigadores de la CIA y del FBI, en una operación conjunta con el MI5 inglés,  han reunido pruebas suficientes para llevar a los tribunales a Santa Claus bajo cargos de pederastia y robo con premeditación. A tenor de las pesquisas realizadas por el equipo, Magnus Opus, ciudadano finlandés, aprovechaba estas fechas para embutirse en un traje rojo barato (adquirido en un Texco de Marlow, Inglaterra) y colarse por las chimeneas con la intención de realizar tocamientos impuros a los tiernos infantes (e infantas) que se arrojaban a sus brazos presas del paroxismo navideño. A la vez, escamoteaba todos los bienes del domicilio con la excusa de que "hay otros niños que tienen menos que tú".

Van Doren Inc. , la firma de abogados que se hará cargo de su defensa, ha declarado que su cliente es completamente inocente, y que todo este asunto no es más que una maniobra de descrédito orquestada por los Tres Reyes Magos, a los que acusan de estar implicados con ciertas células dormidas de Al-Qaeda.

Triste noticia, pardiez. 

Epifanía

Después de mi visita fugaz (esta mañana) a un Cádiz gris y lluvioso, he tenido una epifanía: la felicidad puede estar en una ráfaga de aire fresco y húmedo acariciándote el rostro.

Los pastores y el rebaño

La verdad es que me encantaría seguir creyendo en la Navidad. Se los juro por Snoopy e incluso por el logo de mi móvil. Echo de menos aquellos días en que podía percibir con toda claridad que la gente era más amable, que la atmósfera olía mejor, que los rostros de las personas que me rodeaban (empezando por las de mis allegados más directos) resplandecían con una luz distinta a la del resto del año. Era otra cosa, joder. Eran películas en blanco y negro en televisores enormes (Qué Bello es Vivir puede ser la única que nos quede hoy en día), mazapanes gordotes, turrones como ladrillos que sabían a gloria; la ilusión de que tres extraños tipos que llegaban desde la quinta puñeta siguiendo una estrella invisible se colarían en tu casa con místicas artes para dejarte juguetes que, mark this, en la mayoría de los casos ni siquiera habías pedido.
 
Ahora todo eso se ha perdido. Y me temo que para siempre.
 
No es que yo me queje, pero me toca un poco las pelotas que nos den vacaciones y se monten un amago de fiestas de buen rollo simplemente para ordeñarnos. Para soltar la mosca cualquier momento del año es bueno, no hacía falta mancillar (yo diría que violar despiadadamente) el espíritu de unas fiestas que, como poco, todos atesorábamos en nuestras almas con un mínimo de felicidad e ilusión; al menos, en la mayoría de los casos. Ahora nos han reducido a ganado que, de forma obediente, hace lo que dicen los bancos y grandes almacenes... perdón, quise decir los pastores. Tenemos que comprar, es obligatorio, arruinarnos aún más sin que haya una necesidad real de ello, y, en el caso de nuestro país, pasar por la piedra del doble regalo por habernos tragado la bola de rendir culto a ese bastardo gordinflón y vestido de rojo (cuya imagen, nos nos engañemos, se la debemos a una publicidad de Coca-Cola, y no a la tradición secular) que nos han impuesto desde las alturas.
 
En fin, que así están las cosas. Si ustedes viven la Navidad, y se lo creen, pues no queda sino felicitarles. Si, como yo, creen que todo esto no es más que un circo muy bein montado, pues... resignación, hermanos y hermanas, resignación. Tampoco es plan de ponerse pesados y amargarles la vida a los que nos rodean.
 
Ea, Feliz Carnaval y Próspero Trofeo Carranza.
 

Cuéntame un cuento

Érase una vez una emisora de radio llena de graciosos en el que todo valía, desde vejar verbalmente a todo Cristo que no compartiera las opiniones de su gurú, hasta intentar dejar en ridículo al presidente electo de un país por el simple hecho de ser indígena y, supuestamente, pobre. Los habitantes de esa emisora de radio, llamémosla COPE para abreviar, se lo pasaban chachipiruli todos los días armados con el poder que la Iglesia (una oscura organización fundada en la oscura noche de los tiempos) les otorgaba. Uno de sus reyezuelos, Losantos el Magnífico, incluso se creía con el sagrado deber de derribar a un gobierno apestoso que, oh cielos, había sido elegido democráticamente, un pecado falaz do los hubiera. Ponía gran ardor en la hazaña, impasible el ademán, y no cejaba en su empeño, jornada tras jornada, de derribar los cimientos de la malvada Fuerza de Izquierdas. Pero, por alguna extraña casualidad del destino, sus esfuerzos no obtenían recompensa.

Todo siguió igual durante una eternidad, sin que los hados de la victoria se decantasen hacia ninguna de las partes. Losantos el Magnífico atacaba sin piedad desde su torre de marfil, invadiendo el firmamento con ponzoña y hechizos calculados que, sin embargo, no conseguían destronar a la diabólica Izquierda. Confiado en su sabiduría, y en el inmenso poder que le respaldaba, Losantos se envalentonó cada vez más, olvidando cuál era la verdadera fuente de su energía.

Un día, sin que nadie pudiera darse cuenta de ello, sus hechizos y su verborrea se debilitaron de súbito. La plebe, incluso los que se encontraban entre sus propias huestes, le había dado la espalda, invadidos por el hartazgo de una empresa sin sentido. El reyezuelo gimió, lloró, se encontró solo en la oscuridad de su torre milenaria, hasta la entidad que le había dado el poder le retiró su apoyo. Solo, fue agostándose hasta que desapareció en el viento como las cenizas de aquel famoso objeto milenario conocido como cigarrillo.

MORALEJA: ¡No escuchéis más a los imbéciles de la COPE, joder!

Jerez semper vincit

Leo en el DIARIO DE JEREZ (fuente inagotable de noticias freaks) el siguiente titular, palabra por palabra, sin exagerar o tergiversar lo más mínimo: "JEREZ EVANGELIZA A UCRANIA". ¿Captan ustedes la pamplina en toda su dimensión? Pasarse, lo que es pasarse, yo creo que se han pasao. Así, a página completa (la izquierda, por cierto), con entradilla en la portada y todo. Joder, fue lo primero que pensé, hasta dónde hemos llegao... Sigo leyendo, ya interesado en la frikada, y leo con asombro que, lejos de tratarse de mormones o evangelistas, los avezados e incombustibles misioneros son un matrimonio católico con su prole, que se reduce a un chaval de unos nueve años de nombre Isaac y cara de despiste máximo. Para fliparlo, no vayan a decirme que no.

    Y es que me parece increíble que en pleno siglo XXI todavía se permitan estos sinsentidos.

    Porque, a ver, ¿realmente los Ucranianos necesitan que los evangelicen a estas alturas de la película? ¿Esos rojos (y además musulmanes) que viven en pecado continuo requieren urgentemente que un núcleo familiar jerezano se desplace hasta allí para aliviar sus maltrechas almas? La verdad no sospechaba yo que la iglesia católica estuviera tan falta de público como para tener que ir a buscarlo a donde Lenin perdió la parka, pero, a tenor de lo leído, pues parece ser que sí.

    Me van a perdonar, amigos, pero, en mi humilde opinión, esto no es serio. Y no hablo ya de la azarosa hazaña de este trío de héroes en tierras inhóspitas tratando de civilizar a los bárbaros, lo que me saca de quicio es que un periódico que se quiere llamar serio se haga eco de este tipo de pajas mentales. Un día de estos me estoy temiendo que saldrá en portada una noticia reflejando el parte médico del señor que pisa la uva con foto en primer plano de su pie supurante, o una noticia de alcance reseñando las excelsas condiciones físicas del perro que lleva al ciego que vende los cupones en la Calle Talycual...

    Y yo que creía que para ser periodista había que tener un título... Pues va a ser que no.

    Para que luego nos quejemos. 

 

Feliz Capital

Finalizaron los exámenes. Ergo, de nuevo en la brecha.
 
    Miro a mi alrededor y no veo más que gente atacá empujando carritos rebosantes de chucherías y de jamones estangulados por correítas la mar de monas que llevan lazos azulitos y rojitos y juguetes que se acaban y botellas de cava de vaya usté saber dónde y.... ¡Bastaaaaaaa!  No puedo más se los aseguro. Sin contar con el hecho de que mi(s) tarjeta(s) de crédito piden auxilio desesperadamente (y eso que todavía no me han ingresado la paga), les aseguro que este estallido de capitalismo mal entendido está agrediendo las fibras más sensibles de mi ser.
 
    Pase por que estas fechas, así, por la cara, tengamos que ser más buenos; pase por que la navidad tal y como a mí me la enseñaron (ilusión, amistar, amor, alegría) tiempo ha que feneció bajo los cimientos de unos grandes almacenes; pase por que me rayan muchísimo las comidas de empresa en las que te tienes que sentar con gente a la que no puedes ver ni en uana foto de comunión... pasemos por todo. Pero por lo que no paso es por creerme toda esta parafernalia mediática que nos han montado para que, seamos serios, nos arruinemos un poco más. Porque no hay más. Todo se reduce a eso, y yo es que me meo con los mensajes de buena voluntad y bla bla bla bla bla (ad infinitum).
 
    Bueno, que no digo nada nuevo. Sólo era por ejercitar los dedos.
 

Qué bonito es Cádi, joé

Hoy he tenido que ir a Cádiz, a arreglar unos asuntos en la Delegación (también conocida como "La Casa que te vuelve Loco"), una experiencia digna de Larra y su vuelva usted mañana. Aun así, ni siquiera tan nefasta viviencia ha conseguido amargarme la delicia de pasear por sus calles y oler el mar.
 
A los que vivís allí, supongo que os ha parecido una mañana como otra cualquiera, típica de comienzos del invierno: la ciudad rodeada de nubes lejanas, pacientes, agazapadas en el horizonte como si no se atreviesen a acercarse a la costa. El sol en alto, la gente tranquila, los bares llenos de tertulias intrascendentes y de saludos efectuados con la típica dejadez gaditana...
 
Yo, os lo aseguro, estaba en la gloria.
 
Hace diez años que tuve que mudarme a la Frontera. Ciento veinte meses aguantando la crispación de una ciudad de señoritos venida a mucho menos, la amargura enconada en el alma de sus habitantes, el desprecio que muchos de ellos (los encefalogramasplanos, todo hay que decirlo) sienten hacia mí sólo por venir de donde vengo y ser del equipo que soy, la rabia típica del quiero-y-no-puedo que en la mayoría de los casos rige sus vidas... Hay que estar aquí para vivirlo.
 
Por eso, al menos para mí, hoy ha sido un día grande. Y ni siquiera me ha molestado que los esbirros de la ventanilla me hayan tenido dos horas de pie para ponerme un puto sello en un puto documento, documento al que llevan poniéndole el mismo puto sello desde hace ocho años. Pa que luego hablen de la "informatización" (juas, juas, juas) de la Administración Andaluza.
 
Pero qué bonito es Cádi, joé. 

El sabor del oro entre los dientes

(A Juan Antonio Revuelta, mi hermano, que entiende las palabras de Crom...)

Mañana me voy. Las bestias aullarán por mi partida, en las tabernas oscuras de los pueblos masacrados correrá la cerveza junto a mi nombre. Parto hacia las altas tierras del norte,
(Cimmeria, Hiboria, la Cripta del Destino)
desde las marismas del sur del mundo, donde la canícula aprieta y los hombres taciturnos campan a sus anchas.

Mañana me voy. Vista al frente, orillando los caminos en busca de una estrella que me guíe. Desnudo, sin armas, buscando la razón y la experiencia para enorgullecerme de haber vivido. Atrás quedarán la familia que no tuve  y los compañeros que perdí, al cuidado del fuerte del pasado, oteando sin descanso el horizonte en busca de un enemigo.

Mañana me voy, con el regusto amargo de las lágrimas bordeando mis labios resecos, tras hundir las raíces del silencio en grietas ardientes de desiertos olvidados. Escupiré palabras al viento, esperando recuperarlas algún día. Mientras, los buitres me escoltarán hasta las tumbas polvorientas de los guerreros olvidados por la Historia.

Mañana me voy. No os apenéis: me espera el batir de los tambores, tras las cordilleras de los montes empapados de sangre inocente. El beso de mi amada me reconfortará mientras me envuelve el descarnado filo de los vientos del páramo, más allá del Río Negro; las almas errabundas acariciarán mis cabellos cenicientos.

Mañana me voy. Quedad en paz.

He visto la Luz

Hoy me retiro de toda esta tontería de la ciencia ficción y la fantasía. He tenido una revelación; lo he visto claro. Ahora sé que he perdido mi vida entera buceando en textos indecorosos y gilipollescos, abrumado por historias de un futuro que nunca llegará a nosotros. A veces la rebeldía adolescente nos pasa factura, sobre todo a los que nos quedamos encasquillados en ella, agarrados al clavo ardiente de la transgresión.

La Luz me ha dicho que debo ser Poeta, con una P mayúscula bien grande y ostentosa.

Ahora disfrutaré de los atardeceres sabiendo que esa mezcla de colores de la bóveda celeste responde al nombre de rosicler (un galicismo la mar de culto que había pasado de largo ante mi entendimiento); que los pájaros arrullan la aurora con su canto y que las oscuras golondrinas tienden nidos bajo balcones desvencijados por el paso del tiempo; que las muchachas florecen (en lugar de alcanzar la pubertad), y que las auroras boreales son espectros de otros días (y no fotones alterados por el campo magnético terrestre). Sí, seré Poeta, de rima fácil para poder llegar a todos los públicos sin esforzarme demasiado, que el verso blanco, o libre, huele demasiado a imaginación desbordante.

Quizá haga alguna incursión en la novela costumbrista, y esboce el patetismo que nos acosa sin abrigo de subterfugios desnivelados. Retrataré la vida de mi vecina (cincuenta páginas para describir su salón, creo que serán suficientes), punto por punto, cuidando el detalle de sus cabellos canos, ondulados cual olas grises en un amanecer tormentoso; relataré las vicisitudes de su existencia: marido borracho, hijos descastados, nietos ululantes, compromiso social con todo aquello que es políticamente correcto. Pincelaré la vida en viñetas coloristas, fácilmente reconocible por los lectores, para que no tengan que pensar más que lo estrictamente necesario. Tendré éxtio, conozco algo el oficio de juntar letras.

Luego vuelta a los Poemas, después de embolsarme algún premio realmente importante y sustancioso, de esos que te aseguran un puesto de honor en algún programa de televisión sesudo y elitista. Dragó me contará entre sus amigos.

Lo siento por todos los que acudís en busca de mundos irreales. La fantasía ha muerto para mí. Ahora ya soy maduro. Ahora ya soy un Hombre.

He dicho adiós a la inocencia.

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Haikus para el siglo XXI

 I

Cierran la noche
oscuros nubarrones;
traen el silencio.

II

Nanocódigos
vigilan mis creencias,
no mis lágrimas.

III

Un alma viene,
desciende de las alturas.
Habrá tormenta.

IV

El mar alienta
deseos de fugas vanas
hacia la espuma.

 

ESPERANDO LA MAREA

ESPERANDO LA MAREA

Esta es la portada de mi primera novela publicada: Esperando la Marea. Por fin, llegó el momento que tanto he estado esperando. Toda una vida soñando y el deseo, contra pronóstico de mi natural pesimismo, se ha visto cumplido. He conseguido que me publiquen un libro. Aún no la tengo en mis manos, aún no he pasado los dedos por su superficie, aún se me aparece como un simple fantasma digital que reside en los tenebrosos vericuetos del disco duro de mi ordenador.

Pero no es así.

Ya está en las tiendas, aunque no sé en cuáles. Sé que todavía tardará un poco en llegar hasta aquí, porque las distribuidoras empiezan por donde tienen que empezar, pero, bueno, no me importa esperar un poco.

Sólo agradecer a Rafa Marín que escribiera el prólogo a pesar de no tener tiempo ni para mirarse al espejo; a mis padres por ayudarme a ser un lector compulsivo; a mis hermanos y amigos por soportarme (y animarme a seguir imaginando imposibles); y, sobre todo, a mi mujer, Susana, porque es el motor de todos mis universos. Que son muchos.

Ahora sólo me queda esperar el veredicto del jurado. Los lectores tienen la palabra.

KIDS ON DRUGS

Leo en el periódico, en la portada del DIARIO DE JEREZ (nada serio, pero es lo que hay), una noticia que, por supuesto, no lo es: "los jóvenes prueban las drogas cada vez con menos edad", o algo así. Luego apuntan a que, encima, se atreven con un espectro bastante más amplio de estupefacientes, mierda de diseño en la mayoría de los casos. Jé, no me diga, pues no me había dado cuenta, es la primera noticia que tengo... Venga ya, por Crom, que somos mayorcitos.

Pues claro que lo hacen, les estamos enseñando que hay que beberse la vida a tragos largos e inconscientes, sin paladear nada de lo que se echan al coleto. Ahora queren saciarse con lo que sea, sin saber muy bien las consecuencias de sus actos. Es lo que ven en sus mayores, el falso hedonismo de esta sociedad metacapitalista en la que nos ha tocado vivir, donde, en realidad, los valores de cualquier tipo brillan por su ausencia. Yo, que trabajo con ellos, puedo asegurarles que palabras como solidaridad, esfuerzo, voluntad, o sentido común han dejado de tener cualquier significado coherente. Han crecido apabullados por una cantidad de información que no comprenden o que son incapaces de metabolizar, simplemente por una cuestión de desarrollo psicológico inherente a la especie humana. Han aprendido que, hoy por hoy, son los idiotas los que triunfan, y que la gente preparada se hunde en el barro de la inoperancia. Creen, porque no han entendido nada, que la vida es un juego eterno, que el fin último es disfrutar de lo lindo aislándose de la realidad que les rodea.

Unamos a esto la perfecta hipocresía de lo políticamente correcto, ese abusrdo que les dice "no fuméis, pero aquí tenéis cajetillas de tabaco a poco más de un euro", "no bebáis, pero podés comprar alcohol en cualquier hipermercado y beberlo en mitad de la calle", etc. ¿Y acaso pretendemos que no prueben las drogas, el súmum de la desconexión absoluta?

De momento me preocupa mi pensión, la verdad. No creo que este país dentro de veinte años vaya a ser un lugar demasiado propenso a precuparse por sus ancianos.

O por cualquier otra cosa.

GOOFIN' AROUND

 Que no ando yo muy fino últimamente, mireusté. Serán los cuarenta, será la LOE, o será que uno empieza ya a estar hasta los cojones de tanta demagogia y tanta mierda. Y lo digo de forma general. La culpa, seguramente, es de índole generacional: intentaron prepararnos para un mundo que, qué quieren que les diga, no tiene nada que ver con éste que habitamos. Sí, pues va a ser eso, que no me encuentro cómodo en esta sociedad.

Quizá es hora de emigrar a Papeetee, en la Micronesia.

Por otra parte, no me apetece nada. Me suena a cosa de cobardes esconder la cabeza y salir pitando sin mirar atrás. Uno tiene ciertos (pequeños) compromisos que no puede dejar de lado, y, aunque no me creo para nada imprescindible (que Crom me libre del falso orgullo), sí sé que no todo el mundo podría llevarlos pa'lante de la misma manera que yo lo hago. Así que, ya les digo, como hoy es uno de esos días, antes que tomarme un Lexatin o mierdas parecidas, prefiero echar los dedos sobre el teclado y dar la vara a esos treinta seres humanos que suelen echarle un vistazo a mis desvaríos, humano más humano menos.

Ea, que un mal día lo tiene cualquiera. Eso dicen. Yo, por mi parte, me siento un poco mejor. Gracias por dejarse caer por aquí y aguantar mis neuras. Eso sí que no tiene precio.

 

BREED

A la postre, después de escuchar todas las opiniones y tragarme todo lo humanamente tragable, de soportar a gente desinformada portando estandartes y monjas esgrimiendo pancartas rayanas en lo absurdo, al final, ya digo, he decidido que lo que faltan en este país son güevos. Hemos llegado a un punto en que sobran los parches y remiendos. Sí, vuelvo a hablar de la educación.
 
Miren: hay que derribar el edificio y volver a construirlo desde los cimientos. Así de simple, así de complicado.
 
Nos jugamos el futuro de un país, que no es moco de pavo.
 

EDUCATIONAL VOCATION

A ver, de verdad, ¿qué es exactamente lo que quieren? ¿Que España sea una nación de idiotas (léase "clon de EEUU")?

Voy a ser duro, porque estoy dentro y sé perfectamente de lo que hablo: el Sistema Educativo Español es un auténtico desastre, y la ley de la que estos días tanto se habla no va a aportar nada que pueda solucionar esa verdad como un templo, es más, creo que va a acabar de desarticular cualquier posible vía de escape. Casi el cuarenta por ciento de nuestros alumnos no saben hablar con propiedad, no saben leer de manera crítica, no dominan las más mínimas estrategias culturales para enfrentarse a la vida que les espera en esa jungla que es la madurez. ¿De quién es la culpa? De todos y de nadie, aunque si ha de buscarse alguien a quien apedrear en público, pongamos que sea ese grupo de cerebros privilegiados que aún cree que la Educación pasa por la política y el buen talante.

No, amiguitos, de ningún modo. Créanme: elimimar cualquier rasgo de autoridad de una institución educativa es como pretender que puedes salir de paseo por terriorio de leones llevando por toda protección una cáscara de plátano.

Pero parece que nada de esto es importante, que lo que verdaderamente levanta ampollas es lo de religión sí/religión no y lo de los concertados. Yastá, no hay ningún otro problema. Poco importa que los profesores seamos humillados a diario, que suframos agresiones físicas (yo mismo el Martes pasado) sin que nadie haga lo más mínimo por solucionarlo, que los estudiantes que quieren prepararse sean ninguneados y acosados hasta el suicidio por ciertas manadas de bestias a las que hay que escolarizar caiga quien caiga, que los centros se hayan convertido en un trasiego de maleantes durante las horas del recreo... Una auténtica monería.

No vamos a ninguna parte. La situación es verdaderamente grave, y parece que la mejor solución es mirar hacia otro lado y tirar de la demagogia impenitente que es marca de la casa en este país nuestro. Estamos en un punto en que, de verdad, más valdría derribar el edificio y volver a empezar por los cimientos. En caso contrario, y todos lo veremos, nos esperan unos años futuros de pobreza y desesperación, de revueltas sociales, de rebaños de seres humanos a los que se les ha negado la posibilidad de formarse de una manera medianamente correcta.

¿Apocalíptico? Pues sí, porque hablo del pan mío de cada día. Quizá en otros lugares de España la cosa no sea tan grave (que lo dudo), de lo cual yo me alegraría infinito.

Y ahora, ya saben, a manifestarse para que los niños, por dios, no dejen de llenar las iglesias, no vaya a ser que el Vaticano se quede sin socios. Que ésa es otra.

RAGE AGAINST THE MACHINE

La que se está liando (mejor dicho: ya se ha liado) en París, Francia. Lo cierto es que tengo sentimientos encontrados al respecto. Por un lado, el corazón me dice que esto tenía que ocurrir tarde o temprano: los seres humanos, sin detrimento de su raza o credo, no pueden aguantar toda una eternidad de hacinamiento y desprecio dentro de una sociedad que, en el mejor de los casos, pasa absolutamente de ellos. Por el otro, me pongo en la piel de todos esos padres de familia, de toda esa clase media que está sufriendo los estragos y los toques de queda desde hace ya casi dos semanas.

¿Es justo?

Pues va a ser que no, mireusté. Esto sí que es un problema gordo, y no el puñetero estatut de los cojones. Quizá los europeos no fuimos lo bastante listos para verle las muelas al lobo cuando empezó a aullar tras las vallas de Melilla. África está empezando a enseñar las garras, y los políticos se ven en una situación bastante jodida, sea cual sea su orientación política. Es lo malo de haber aceptado la asquerosa filosofía de lo políticamente correcto, porque, vamos a dejarnos de tonterías, hay situaciones en las que hay que actuar primero y preguntar después.

Lo verdaderamente diabólico de todo esto, lo que me pone los vellos como escarpias del canguelo que me entra, es que estamos en una situación socioeconómica, a nivel mundial, que es un caldo de cultivo perfecto para que se desarrollen sanos y fuertes los virus de la ultraderecha. Estos tiempos, sólo hay que echar la vista atrás, son los idóneos para que cualquer dictadorzuelo de tres al cuarto, imbuído en el espíritu del buen rollo colega, tome las riendas y acabe con todas las libertades de las que gozamos. Quizá en cierta medida sea culpa nuestra, que no sabemos respetarlas y defenderlas.

¿Que soy un paranoico? Puede ser. Pero acuérdense de estas líneas dentro de unos años. O de unos meses.

OPTIMUS PRIMAL

Hoy he dado una verdadera clase. No se sorprendan: llevo años cobrando como profesor, pero apenas he ejercido como tal. Normalmente mi trabajo se limita al pastoreo, a evitar que el rebaño ciego que constituye nuestra sobreprotegida adolescencia salga del corral de los Institutos (públicos) y deambule libremente por las calles. Es la verdad, no me duelen prendas al decirlo.

Pero hoy, como decía, he logrado después de muchísimo tiempo volver a la esencia de mi profesión. Estoy contento, no lo niego, y hasta el lugar en que trabajo se me ha aparecido al fin bajo una sombra nueva de esperanza. Quizá, sólo quizá, no todo está perdido.

Bueno es saberlo.

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WHAT IF

 Dicen que la Ciencia Ficción ha muerto, que ahora tenemos otras cosas más importantes en las que pensar (¿y esto es nuevo?), que somos unos descreídos, que la infancia se agosta entre pleisteichons, gueimboises, y móviles, que… Vamos, que no tenemos tiempo para soñar con el futuro porque, de pronto, nos  hemos encontrado con que ya estamos viviendo en él.

     Pues vaya, con lo que nos ha costado a los españoles empezar a despegar desde el subsuelo del género y resulta que las pistas de aterrizaje se están desmoronando bajo nuestros pies.

     Así que, miren, a mí me importa un pito toda esta cuestión. Lo cierto es que he llegado a los cuarenta con la capacidad de sorpresa relativamente intacta, que disfruto como un cochino imaginando cómo, cuándo, por qué, de qué manera vivirán y actuarán las gentes de los años venideros, que todavía se me ponen los pelos como escarpias cuando releo, por poner un ejemplo, “Cita con Rama”, que… ¿Qué de qué? Eso dicen en mi tierra.

     Lo que viene a significar, poco más o menos, que el aburrimiento y la autocomplacencia son la madre de todos los vicios, sobre todo del de criticar.

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